Mensaje P. Tony Salinas

A manera de breve historia sobre el origen cristiano de Santa Lucía y de su templo…



El origen cristiano de esta localidad se remonta al siglo XVI, cuando la Orden religiosa de Frailes de La Merced, se estableció en la localidad minera, aunque, por muy poco tiempo. Algunos consideran que de esta presencia, le venga el nombre de “Las Mercedes” a la imagen de Jesús Crucificado. Ciertamente en la arquitectura actual del templo, no existe ningún rasgo que de testimonio que dicha presencia se haya prolongado durante varias décadas, dejando sus huellas, como el escudo de la Orden y sobre todo, como lo es en los demás templos por ellos construidos, un altar a su patrona, nuestra Señora de la Merced. 
El nombre original indígena fue “Surcaga”, que significa “Lugar de las ranas”. Surge como un pequeño pueblo minero entre los años 1520 y 1530.  Un hecho de bastante certeza sería, que su nombre actual de “Santa Lucía”, se debió a que esos primeros pobladores cristianos, llegaron a esta localidad, un día 13 de diciembre, fiesta litúrgica de Santa Lucía, Virgen y Mártir del siglo IV.
Debido a que la actividad minera tuvo un auge suficientemente importante que enriqueció a la Corona Española, el Rey Felipe II de España, a manera de retribución donó una imagen de  Cristo Crucificado con articulaciones movibles de los hombros, el 15 de enero de año de 1572; siendo bautizado con el nombre de “El Señor de Las Mercedes” (Expresión clásica del castellano de la época, significaría hoy para nosotros: “El Señor de los Favores”. Cuenta también la tradición oral, que con él vino también la imagen del “Cristo del Buen Fin” que se venera en el Municipio de Cedros, F.M.
 La venerada y antigua imagen de “El Señor de las Mercedes”, puede ser visitada en el interior de la Iglesia y en el centro del retablo mayor, actualmente restaurado. La iglesia no es tan antigua como “El Señor de las Mercedes”, pero si data del periodo colonial. Desde ese 15 de enero 1572, cada año, la comunidad cristiana, celebra con una novena y la víspera (el día 14), el regalo que Dios mismo, ha querido dar a esta comunidad, en la imagen de Jesús crucificado, recuerdo siempre actual de su amor, que como dice San Pablo: “Nos amó y se entregó por nosotros” (Gál 2,20).
                Junto al “Señor de Las Mercedes”, es co-patrona de la comunidad, “Santa Lucía”, virgen mártir del siglo IV, nacida en Siracusa, Sicilia. La imagen de la santa, colocada en la parte superior del retablo, es de origen criollo con un alto valor por su antigüedad y calidad artística. Siendo intercesora ante Cristo, principalmente por los problemas de salud, referidos a la vista, son muchísimos los fieles, que implorando su valiosa intercesión, se dan cita en este templo para implorar su intercesión o para agradecer el milagro obtenido para sus ojos. Testimonia esta realidad los sinnúmeros exvotos o milagritos, como se conocen aquí, de oro y de plata, con figuras de ojos, que la gente en señal de testimonio vienen a depositar ante su altar. La imagen de santa Lucía, aparece con dos atributos, que revelan quien es ella, a saber, la palma en su mano derecha, signo del martirio que sufrió y en la mano izquierda un plato que contiene sus dos ojos, que fueron extraídos a su rostro, como parte de las torturas antes del martirio.
                La iglesia de estilo colonial, se remonta como una pequeña ermita al siglo XVI, que sería según los restos encontrados, la parte del presbiterio y el lugar donde está el retablo principal. A mitad del silgo XVII se le agregaron la nave central y las torres de los campanarios. Se hizo una restauración documentada a finales del s. XIX y principios del s. XX, donde se terminó la fachada actual. Y a partir del 2010 hasta la fecha, se están realizando las restauraciones del retablo Mayor, le techo de toda la iglesia, de los atrios laterales, la zona de los baños y jardines de la misma.
                El retablo mayor de la Iglesia, es de estilo barroco, decorado con detalles vegetales y flores, con cuatro columnas salomónicas en formas espirales. Consta de dos cuerpos y tres avenidas, en el cabezal superior se encuentra la escultura de Santa Lucía, y sobre ella, un pequeño triángulo pintado sobre madera, donde aparece Dios Padre y saliendo de Él, el Espíritu Santo. Corona esta parte un pequeño sol, con las inscripciones JHS.  En la avenida central se encuentran en el lateral derecho, la escultura del Sagrado Corazón de Jesús; en el centro la escultura del Señor de Las Mercedes y en el lateral izquierdo la escultura de Nuestra Señor del Santo Rosario. En la parte inferior exactamente a los píes del Señor de Las Mercedes, está el sagrario. Las dimensiones del retablo son las siguientes: 4.30 cm de ancho por 6.50 cm de alto.
                Enriquece también el templo del “Señor de Las Mercedes” en su interior, la pintura al oleo, del “Cristo de la Preciosísima Sangre”, que se levanta majestuosa, sobre el altar dedicado a “Las Ánimas”. De un metro y medio de altura por uno de ancho. Obra del autor criollo, Juan José Soto, en 1816. Una descripción breve, de la misma, presenta en primer lugar al centro del oleo, a Jesús Crucificado ya muerto, sobre una cruz que es árbol de uvas, hermosamente labrada. La imagen del crucificado es de especial belleza por sus perfectos rasgos anatómicos y la serenidad de su semblante. De su corazón traspasado por la lanza, se vierte un torrente de sangre viva, que es recogida por un ángel en una copa que rebalsa y que permite así, que sirva de redención para los que en el purgatorio esperan con ansías dicha salvación. De estos elementos muy bien articulados, se desprende una teología de vida, y no de muerte, aunque el Cristo aparece vencido en la cruz, en este óleo el autor, manifiesta claramente el valor salutífero de la muerte de Cristo. Veámoslo por partes, la cruz, en decorada con la parra de uvas, recuerda el paraíso terrenal, donde el primer Adán fue vencido por la tentación y la desobediencia. Aquí, Cristo aparece como el nuevo Adán, fuerte y obediente que vence toda tentación del maligno. Su sangre preciosísima es vida para el mundo, sobre todo para los que yacen en el lugar de la muerte. A éste Cristo vencedor se le une, la contemplación feliz, que tiene el Padre situado sobre la cruz, que juntamente con el Espíritu Santo, parecen agradecer al Hijo, su sacrificio redentor que le ha hecho llegar a ser Señor de vivos y de muertos.
                La escena, se ve completada, con la Imagen de María Inmaculada que con las manos juntas, implora a su Hijo por los pecadores, y la de san Francisco de Asís, situado al lado derecho, un poco más bajo del lugar que ocupa la Virgen María, y que también está en actitud de oración intercesora. Llama la atención el color azul (cielo) del hábito del santo, que normalmente es café. Este color se debe a que en este período, anterior a 1850, los frailes franciscanos habían cambiado su hábito café, por este azul, con la finalidad de que el Papa, pudiera lo más pronto posible declarar como dogma de fe, que la santísima Virgen María, en previsión de la muerte y resurrección del Señor, fue Inmaculada desde su concepción.  La escena con pleno movimiento teológico, se ve completada con el vuelo que hace San Miguel Arcángel, sobre las ánimas del purgatorio, cumpliendo el encargo de llevar al cielo a todas esas almas por las cuales Cristo derramó su sangre. Al papel de San Miguel Arcángel de ejecutor de la salvación, se une el cordón que está sujeto a la cintura de San Francisco, y que según la vida del santo, el recibió la promesa del mismo Cristo de que todos sus devotos, obtendrían por su intercesión el ser sacados del tormento del purgatorio. Promesa que se ve cumplida en el cuadro. Podemos asegurar, que la presencia de san Francisco en este óleo y una escultura del mismo, guardada antes en la sacristía y hoy en la iglesia de Valle de Ángeles, revelarían que en algún momento de la historia, las presencia de los frailes franciscanos, fue un hecho en la historia cristiana de este municipio.
                El purgatorio se ve en su imagen medieval de fuego que no se consume y que evidencia, un estado del alma que está en purificación para poder entrar a la visión de Dios. Este estado del alma es para todos, de ahí que se vean en él a hombres y mujeres, un papa, religiosos y laicos.
                Finalmente no se puede dejar de mencionar, que al fondo de todas estás escenas que nos llevan al Paraíso terrenal, al Gólgota, al Purgatorio y al mismo cielo lugar de la sede de Dios, se ve una iglesia parroquial, evidenciando el lugar del encuentro de los hombres con Dios, por medio de su Hijo, en el sacrificio eucarístico, que seguramente dentro de ese templo un sacerdote, en su nombre estaría realizando perpetuamente hasta que el Señor vuelva.
                Se encuentra también al lado izquierdo de la nave central de la Iglesia, el altar a Nuestra Señora de los Desamparados, que viene representada por la Siempre Virgen María, cargando al Niño Jesús en sus brazos y a los píes de ella, dos huerfanitos que en actitud orante con las manos juntas, se cobijan bajo su manto de madre poderosa, por interceder siempre ante su Hijo, Jesucristo.

                Esta bella imagen de bulto, fue un obsequio en 1820, del sr. Narciso Mayoll, Alcalde Mayor de Tegucigalpa, con motivo de la creación de Santa Lucía, como nuevo Municipio de Honduras.
                En ambas paredes laterales de la nave central, se encuentran dos sepulturas con sus respectivas lápidas, de los esposos: Cornelio Soto, quien falleció el 21 de julio de 1875 y de su señora esposa Seferina Rosales de Soto, quien falleciera el 11 de febrero de 1887.n
                Además, esta iglesia del Señor de Las Mercedes, posee una singular obra en bulto de madera, de la escena del Calvario, tal y como lo narran los santos Evangelios, formados por las esculturas, de Cristo crucificado. A sus pies, aferrada a la cruz, María Magdalena; de píe, a su derecha, la Virgen Dolorosa, a su izquierda San Juan. Y de manera inédita, poco vista en Honduras, las esculturas del buen ladrón (Dimas) y el mal ladrón (Gestas). 

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