Mensaje P. Tony Salinas

martes, 22 de mayo de 2012

Pentecostes Dones del Espíritu Santo


    
 
   
Quién no ha escuchado alguna vez aquella anécdota que nos cuenta como cierto día, un hombre entró a un singular local que se llamaba "La Tienda del Cielo" y cómo se asombró  al ver que aquel lugar era atendido por ángeles, y que en los anaqueles se encontraban expuestos unos elegantes recipientes de cristal.
Según nos narra la anécdota, el cliente se acercó a los expositores y pudo ver en ellos las etiquetas de lo que contenían. Leyó con asombro: Misericordia, Paz, Sabiduría, Paciencia, Fortaleza, Consejo, Paz, Ciencia, Fe, Esperanza, Amor; en fin, una larga lista de productos de este tipo. Comprendió que lo que vendía aquella tienda no eran bienes materiales, sino más bien cualidades, virtudes y dones espirituales.
El visitante prosiguió su recorrido y después de pensarlo un poco, hizo un inventario de lo que consideró eran sus propias virtudes y  sus carencias. Se dio cuenta que estas últimas eran muchas y aprovechando que estaba ahí procedió a hacer su pedido; decidió comprar "Oración" -pues hacia tiempo la suya era muy pobre-, llevaría también "Humildad" -que ya desde ese momento, estaba haciendo su efecto-, agregó a su pedido un poco de "Caridad" y por último llevaría "Consejo", aunque al final recapacitó y lo cambió por "Prudencia". Completó la lista con todo aquello que creía le era necesario para ser feliz y hacer más felices a los demás.
Al llegar a la caja, el comprador dijo al ángel que le atendió: "Esto es lo que voy a llevar, todo esto es lo que me hace falta". El ángel recibió la hoja de pedido. 
Momentos después, el ángel regresó con un diminuto paquete y lo colocó sobre el mostrador. El cliente sorprendido le preguntó: "¿Eso es todo? Pero si he pedido varias cosas, algunas de ellas bastante importantes…, yo imaginaba que me llevaría un gran paquete". A lo que el ángel, dirigiéndole una tierna mirada, le respondió: "Efectivamente, en este pequeño paquete se encuentra todo lo que ha pedido, lo que sucede es que aquí todos los dones se dan en semilla, se colocan en el corazón y con el tiempo, después de regarlos y cultivarlos  darán su fruto. Aquí no vendemos frutos… aquí entregamos semillas".

PENTECOSTES es esa oportunidad para pedir a Dios que nos envíe esos dones necesarios para alcanzar la perfección en nuestra vida cristiana. La Iglesia, la parroquia, la comunidad, la catequesis, los grupos, etc., son “sucursales” donde podemos acercarnos y ver qué necesitamos o en qué andamos sobrados.
PENTECOSTES es sentir la fuerza de ese gran desconocido para muchos cristianos como es el Espíritu Santo.
Cuando uno lo vive vence todo obstáculo,  desaparecen los temores y los temblores de su personalidad y se siente  empujado a proclamar a los cuatro vientos (aún en medio de muchas dificultades) el tesoro del Evangelio.
Al igual que los contemporáneos de Jesús, muchos cristianos, siguen con sus puertas cerradas por miedo a los “fantasmas” que se presentan de muchas y de diversas maneras como enemigos de la fe.
Con el ESPÍRITU SANTO recuperaremos la fuerza y el brillo de la fe, nos sentiremos confirmados en la misión que llevamos entre manos y abriremos surcos para la alegría y la salvación que nos trae Jesucristo.
Necesitamos, hoy más que nunca, buscar esas “tiendas” donde elegir esos dones necesarios para fortalecer nuestras entrañas de enamorados de Jesucristo.
¿Quieres acompañarme en estos días previos a PENTECOSTES por el “stand” de los dones del Espíritu Santo?
Te oferto, en nombre de Dios, estos siete divinos regalos en forma de semilla:
Sabiduría
Inteligencia
Consejo
Fortaleza
Ciencia
Piedad
Temor de Dios

Si me preguntas por el precio te contestaré que Jesús ya pagó por todos. De todas formas una oración bien hecha, la eucaristía profundamente vivida, la caridad puntual, el dominio de uno mismo, la contemplación, la alegría cristiana, etc.,hacen posible el que esas semillas se vayan haciendo visibles en nosotros.
¿Quieres comprarlas?
Te invito a que visitemos juntos esta TIENDA DE PENTECOSTÉS durante estos 7 próximos días. Juntos nos acercaremos a contemplar y vivir, estudiar e interesarnos por cada uno de esos siete dones que se encuentran instalados, no podría ser de otra manera, en el gran “stand” del cielo pero con una escalera automática (el Espíritu Santo) por el que baja en abundancia y puntualmente el alimento que necesita nuestra vida cristiana.


Logotipo: Paloma
Producto: Dones del Espíritu Santo
Propietario: Dios
Representante: Jesucristo
Dependiente:  El Espíritu Santo
Sucursales: Iglesias, Parroquias, Comunidades, Grupos, Catequesis, Monasterios, Familias, movimientos, etc
Lugar: Toda la tierra
Procedencia y materia prima: El Cielo
Destino: La Humanidad
Precio: La buena disposición (oración, fe, esperanza, confianza)
Características: No caducan y dan Vida
 
                                         
 
Cuántas veces solemos escuchar aquello de: “No es sabio quien sabe; sabio es  aquel que va al  fondo de las cosas”.
Con qué frecuencia  nos quedamos clavados y mediatizados por lo puramente externo. Estamos tan pendientes de las sensaciones que olvidamos aquello que las produce.
   
EL HOMBRE DE LAS MANOS VACIAS
   
Pronzato dice que en los nacimientos de tradición provenzal, hay un personaje típico: el “Ravi”, o sea, el extasiado, el embelesado, el encantado, sabio de las cosas de Dios.  El que no tiene nada que llevar, pero acarrea lo más importante: el asombro y la percepción de Dios . Cuando llega, un poco cansado, a visitar al niño Jesús apenas nacido, con las manos vacías, tiene que aguantar los reproches de todos.  Su presencia molesta. Así cuenta la narración popular: “Y el encantado alzaba los brazos hacia lo alto diciendo:
 

-Dios mío, qué  hermoso es ver que un hombre que era holgazán y a quien le han entrado ganas de trabajar
            -Tú, Ravi, empiezas a fastidiarme, refunfuña alguno.
            Si te molesto, te pido perdón. 
            –Precisamente, tú que hablas de trabajo, no has hecho nunca nada en la vida. 
            –He mirado a los demás y les he animado.  Les he dicho que eran hermosos  y que hacían cosas muy bellas
            –No te has cansado mucho…¡ Y ni siquiera has traído un regalo! 
            Pero la Virgen María le dijo: -No hagas caso.  Tú has sido puesto en la tierra para maravillarte.  Has cumplido tu misión, Embelesado, y tendrás una recompensa.  El mundo será maravilloso mientras existan personas como tú, capaces de maravillarse y de gustar las cosas de Dios. Tú has actuado con la Sabiduría de Dios.
   
EL DON DE SABIDURÍA
La sabiduría nos empuja a intuir y descubrir los signos de la presencia de Dios frente a esa otra cultura que pretende arrinconarle.
La sabiduría es un termómetro que analiza la temperatura en el conocimiento de Dios.
La sabiduría es no concebir la vida sin la presencia de Aquel que habla, dirige, auxilia, sopla y anima: DIOS.
La sabiduría, como DON DEL ESPÍRITU, no se conserva en la mente ni se hace fuerte con el estudio. Germina y crece en el corazón. Y, con éste, se saca gusto a la presencia de Dios.
Cuentan de San Francisco que, cada vez que pronunciaba el nombre de Dios o de Jesús, sentía en su paladar un gusto mil veces más dulce que la miel o que el azúcar.
Lo que aborta este don espiritual es la locura. Alguien, con cierta razón, dijo que ésta es la llave que cierra las puertas a la discreción y al gusto.




                                         
   
El teólogo más sabio
   
Todos los días, el teólogo más insigne de la ciudad, escrutaba las Sagradas Escrituras con el ardiente deseo de comprender mejor a Jesús.
    Tan preclaro profesor destacaba sobre los demás; impartía conferencias, había publicado numerosos artículos en revistas especializadas y editado decenas de libros; cuando hablaba, los oyentes lo consideraban el portador de la verdad.
    En cierta ocasión, Jesús se apareció al teólogo.
    -Quién eres tú, preguntó éste asombrado ante una evidencia en la que no acababa de creer.
    - Soy Jesús, a quien buscas en tus libros, añadió el Señor.
    - No, no, yo no investigo apariciones, yo estudio con métodos rigurosos al hombre que vivió hace dos mil años y que decía ser hijo de Dios, replicó el profesor.
    - Pero si ese soy yo, mira mis manos y toca mi costado, respondió Jesús.
    El teólogo, pareciéndole inverosímil semejante conversación, expuso un razonamiento académico:
Tu costado no tiene excesiva importancia ahora. Bien sabes que la mente puede perforar la piel y los huesos. Lo verdaderamente crucial no concierne al cuerpo, sino que consiste en saber si Jesús era Dios o solamente un profeta  o, si los milagros fueron inventados por la primitiva comunidad y si tiene más sentido hablar, para la mentalidad de nuestro tiempo, de la resurrección como una experiencia mística de los apóstoles.
    Atónito por lo que acababa de oír, Jesús respondió:
    - Hijo mío, yo te muestro con signos lo que tú buscas con conceptos; signo y concepto no siempre son coincidentes.
    En aquel instante, el teólogo se levantó, se restregó los ojos y fue a lavarse la cara. Estaba cansado y creía haber padecido una lamentable alucinación.
    Jesús, mirándolo, dijo:
    - Algo no anda bien en el corazón de mi hijo; es tanta su inteligencia que niega la existencia de una verdad superior.
    Un día después, el teólogo iniciaba su disertación diciendo:
    - Ayer tuve una  alucinación increíble...
   
DON DE INTELIGENCIA
Ayuda a entender los misterios más escondidos y difíciles de la FE.
Ilumina nuestro entendimiento y nos hace caminar con la luz de la verdad.
Nos enseña el valor de la eucaristía y de los sacramentos. Nos hace disfrutar y sacar conclusiones prácticas de los silencios de Dios.
Nos facilita la lectura de la enseñanza de Jesús y nos hace comprensibles sus gestos.
Nos anima a poner los medios necesarios para que Jesús sea entendido y comprendido en la sociedad en que nos toca vivir.
San Antonio de Padua, meditando sobre este don, solía exclamar: “qué cortas se hacen las noches meditando y contemplando la belleza de la Biblia"
El contrincante de este don es la grosería. El devaluar y rebajar por conveniencia toda la riqueza divina que nos rodea.

   


                                          
   
Afile la sierra
   
Cierto día, un explorador que iba paseando en el campo se encontró frente a un leñador que afanosamente estaba cortando un tronco, y el paseante le preguntó:
-Disculpe señor, usted está exhausto..., cuánto tiempo ha estado trabajando?
-Más de seis horas -fue su respuesta.
-No sería bueno que descansara un poco y afilara su serrucho?
El hombre responde:
-No... no tengo tiempo, pues hay mucha leña que cortar.
-Pero si afila su sierra cortará más rápido, y si descansa, tendrá fuerzas para cortar más.
El hombre se quedó pensativo, como dando la razón a aquella consideración, pero miró su reloj, luego hacia la leña, y siguió cortándola olvidándose del consejo que aquel hombre le había dado.
   
DON DE CONSEJO
Señala la dirección a seguir en medio de los nubarrones que, tantas veces, oscurecen nuestra felicidad.
Es luz en las circunstancias que nos aturden o preocupan.
Nos hace vivir con paz y con serenidad las decisiones tomadas para nuestro bien particular o comunitario.
San Francisco Javier se dejaba guiar como nadie por el DON DEL CONSEJO y ponía todo su ser apostólico y aventurero en sus manos como un príncipe sabe que todo lo suyo depende del rey.
El enemigo de este don es la lentitud. Una vez que se sabe lo que quiere y se debe realizar... por qué dilatar situaciones que comportan sufrimiento?

   



   
                                         
   
La roca
   
Un hombre dormía en su cabaña cuando de repente una luz iluminó la habitación y apareció Dios. El Señor le dijo que tenía un trabajo para él y le enseñó una gran roca frente a la cabaña. Le explicó que debía empujar la piedra con todas sus fuerzas.
Por muchos años, desde que salía el sol hasta el ocaso, el hombre empujaba la fría piedra con todas sus fuerzas... y esta no se movía.
Todas las noches el hombre regresaba a su cabaña muy cansado y sintiendo que todos sus esfuerzos eran en vano.
Como el hombre empezó a sentirse frustrado, el Maligno decidió entrar en el juego trayendo pensamientos a su mente: "Has estado empujando esa roca por mucho tiempo, y no se ha movido". "Por qué esforzarte todo el día en esta tarea imposible? Sólo haz un mínimo esfuerzo y será suficiente".  Le dio al hombre la impresión que la tarea que le había sido encomendada era imposible de realizar y que él era un fracaso. Estos pensamientos incrementaron su sentimiento de frustración y desilusión.
El hombre pensó en poner en práctica esto pero antes decidió elevar una oración al Señor y confesarle sus sentimientos: "Señor, he trabajado duro por mucho tiempo a tu servicio. He empleado toda mi fuerza para conseguir lo que me pediste, pero aún así, no he podido mover la roca ni un milímetro. Qué pasa? Por qué he fracasado? ".
El Señor le respondió con compasión:"Querido amigo, cuando te pedí que me sirvieras y tú aceptaste, te dije que tu tarea era empujar contra la roca con todas tus fuerzas, y lo has hecho. Nunca dije que esperaba que la movieras. Tu tarea era empujar. Ahora vienes a mí sin fuerzas a decirme que has fracasado, pero en realidad fracasaste? Mírate ahora, tus brazos están fuertes y musculosos, tu espalda fuerte y bronceada, tus manos callosas por la constante presión, tus piernas se han vuelto duras. A pesar de la adversidad has crecido mucho y tus habilidades ahora son mayores que las que tuviste alguna vez. Cierto, no has movido la roca, pero tu misión era ser obediente y empujar para ejercitar tu fe en mí. Eso lo has conseguido. Ahora, querido amigo, yo moveré la roca".
Algunas veces, cuando escuchamos la Palabra del Señor, tratamos inútilmente de descifrar su voluntad, cuando Dios sólo nos pedía obediencia y fe en Él.
Cuando todo parezca ir mal... EMPUJA.
Cuando estés agotado por el trabajo... EMPUJA.
Cuando la gente no se comporte de la manera que te parece que debería... EMPUJA.
Cuando no tienes más dinero para pagar tus cuentas... EMPUJA.
Cuando la gente no te comprende... EMPUJA.
Cuando te sientas agotado y sin fuerzas... EMPUJA.
En los momentos difíciles pide ayuda al Señor y eleva una oración a Jesús para que ilumine tu mente y guíe tus pasos.
   
DON DE FORTALEZA
Es un seguro de vida: cuando fracasamos siempre sale a nuestro encuentro.
Es un salvavidas cuando los acontecimientos nos derrumban y sentimos que nos ahogamos en ellos.
Es un almohadón que, el Espíritu, pone entre nosotros y las luchas de cada día.
Es optimismo frente a un futuro incierto y pesimista.
Es una llamada a la perseverancia y a no cambiar lo más santo y noble por lo puramente efímero y risueño.
La Madre Teresa de Calcuta llegó a decir: “sólo con el Espíritu Santo somos capaces de resistir en todo".
El enemigo de este “don” es la debilidad que nos impide solicitar fuerza de lo alto.

   


 
   
                                         
   
Sé feliz
   
Cuenta la leyenda que un hombre oyó decir que la felicidad era un tesoro. A partir de aquel instante comenzó a buscarla. Primero se aventuró por el placer y por todo lo sensual, luego por el poder y la riqueza, después por la fama y la gloria, y así fue recorriendo el mundo del orgullo, del saber, de los viajes, del trabajo, del ocio y de todo cuanto estaba al alcance de su mano.
En un recodo del camino vio un letrero que decía: "Le quedan dos meses de vida". Aquel hombre, cansado y desgastado por los sinsabores de sus días se dijo: "Estos dos meses los dedicaré a compartir todo lo que tengo de experiencia, de saber y de vida con las personas que me rodean."
Y aquel buscador infatigable de la felicidad, al final de sus días encontró que en su interior, en lo que podía compartir, en el tiempo que  dedicaba a los demás, en la renuncia que hacía de sí mismo por servir, estaba el tesoro que tanto había deseado.
Comprendió que para ser feliz se necesita amar, aceptar la vida como viene, disfrutar de lo pequeño y de lo grande, conocerse a sí mismo y aceptarse como se es, sentirse querido y valorado, tener fe y aplicarla en cada circunstancia, querer y valorar a los demás, tener razones para vivir y esperar y también razones para morir y descansar.
Entendió que la felicidad brota en el corazón, que está unida y ligada a la forma de ver a la gente y de relacionarse con ella; que siempre está de salida y que para tenerla hay que gozar de paz interior. Y recordó aquella sentencia que dice: "Cuánto gozamos con lo poco que tenemos, y cuánto sufrimos por lo mucho que anhelamos equivocadamente.
   
DON DE CIENCIA
Es una criba que separa la paja del grano, la verdad de la mentira.
Es un detector de los falsos profetas que pregonan verdades a medias que resultan ser grandes mentiras.
Es un juez que nos señala la belleza de las cosas creadas.
Es un restaurador de conciencias. Amuebla la mente, no al antojo de los movimientos contemporáneos, y sí objetivamente con visión de futuro.
Es dejar a Dios que hable por nosotros sin pensar cómo nosotros hemos de hablar de Dios.
San Francisco de Asís, por beber de este don espiritual, se atrevió a llamar al sol hermano y a la luna hermana.
Lo contrario a este don es la ignorancia de todo lo divino que nos rodea o la falta de conocimiento de las semillas de Dios repartidas por toda la tierra.




 
   
                                         
   
El Montañero
   
Cuentan que un alpinista, apasionado por conquistar una altísima montaña, inició su travesía después de años de preparación, pero quería toda la gloria solo para él, y por eso quiso subir sin ningún compañero.
Empezó la ascensión, y se le fue haciendo tarde, y más tarde, y no se preparó para acampar, sino que decidió seguir subiendo, y oscureció. La noche cayó con gran pesadez en la altura de la montaña, ya no se podía ver casi nada. Todo era negro, y las nubes no dejaban ver la luna y las estrellas.
Cuando estaba a solo unos pocos metros de la cima, resbaló y se deslizó a una velocidad vertiginosa. El alpinista solo podía ver veloces manchas oscuras y la terrible sensación de ser succionado por la gravedad. Seguía cayendo... y en esos angustiantes momentos, le pasaron por su mente todos los episodios gratos y no tan gratos de su vida. Pensaba en la cercanía de la muerte, y rogó a Dios que le salvara.
De repente, sintió un fuerte tirón de la larga soga que lo amarraba de la cintura a las estacas clavadas en la roca de la montaña. En ese momento de quietud, suspendido en el aire, gritó : "¡¡¡Ayúdame, Dios mío!!!"
De pronto, una voz grave y profunda de los cielos le contestó: "Y qué quieres que haga?" El montañero contestó: "Sálvame, Dios mío". Y escuchó una nueva pregunta: "Realmente crees que yo te puedo salvar de ésta?" Y el hombre contestó: "Por supuesto, Señor". Y oyó de nuevo a la voz que le decía: "Pues entonces corta la cuerda que te sostiene...".
Hubo un momento de silencio. El hombre se aferró más aún a la cuerda. Cuenta el equipo de rescate, que al día siguiente encontraron a un alpinista muerto, suspendido de un cuerda, con las manos fuertemente agarradas a ella... y a tan sólo un metro del suelo...
   
DON DE PIEDAD
Es aquella predisposición que nos hace sinceros ante Dios.
Nos invita a fiarnos totalmente de El y a ponernos en sus mano
Fortalece nuestra confianza en Dios y siembra en nosotros una certeza: Dios nunca falla.
No es una ruptura entre Dios y el hombre. La piedad hacia Dios exige la piedad con lo que nos rodea.
Pone nuestra existencia en manos de Dios. Su presencia, con este don, es cercana, amigable, necesaria.
San Francisco Javier, San Pablo, San Francisco de Asís bebían tanto de este don que, a continuación, se sentían llamados a dar a conocer el nombre y el amor de Dios en Jesús.
Este “don” nos conduce a la oración, a la meditación de la Palabra de Dios, a disfrutar a solas con Jesús.
El adversario de este don es la dureza de corazón.





                                         
   
No tengo un minuto
    Dios me dijo un día: "Dame un poco de tu tiempo". Y yo le respondí: "Pero Señor, si el tiempo que tengo no me basta ni para mí".
Dios me repitió, más alto: "Dame un poco de tu tiempo". Y yo le respondí: "Pero Señor, si no es por mala voluntad: es de verdad, no me sobra ni un minuto".
Dios volvió a hablarme: "Dame un poco de tu tiempo". Y yo le respondí: "Señor, ya sé que debo reservar un poco de tiempo para lo que me pides, pero sucede que a veces no me sobra nada para poder dar. ¡Es muy difícil vivir, y a mí me lleva todo el tiempo! ¡No puedo dar más de lo que te estoy dando!".
Entonces Dios ya no me dijo nada más. Y desde entonces descubrí que cuando Dios pide algo, pide nuestra misma vida. Y si uno da sólo un poco, Dios se calla. El paso siguiente ha de ser cosa nuestra, porque a Dios no le gusta el monólogo. Qué tremendo debe ser el que Dios se calle¡¡¡
   
DON DE TEMOR DE DIOS
Supone alejarnos de todo aquello que es desagradable a Dios y a los más próximos a nuestras vidas.
Es sentir la necesidad de contentar a Dios con lo mejor de nosotros mismos.
Es el miedo a perder la compañía de Aquel que es Padre, Hijo y Espíritu.
Es sentir la sensación de vacío cuando uno no está a bien con Jesús y su mensaje.
Supone recuperar el sentido de la Fe para nuestra ética y nuestras actitudes.
San Agustín llegó a decir: “tengo miedo a que el Señor pase de largo".
Este “don” es el más escaso y el más urgente en la realidad que nos toca vivir. Cómo vamos a tener miedo a nada (ser dueños de las vidas de los demás –aborto, eutanasia, esclavitud, terrorismo,-) cuando no tememos ni tan siquiera a Dios?
Olvidar a Dios (o darle las migajas del tiempo que nos sobra) no es progresismo…es dejar a nuestro mundo a la intemperie.

   

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