Mensaje P. Tony Salinas

Historia de Santa Lucía


De acuerdo con las “actas” de Santa Lucía, Lucía, cuyos padres eran nobles y ricos, había nacido en Siracusa de Sicilia. La niña fue educada en la fe cristiana. Perdió a su padre durante la infancia y se consagró a Dios siendo muy joven. Sin embargo, mantuvo en secreto su voto de virginidad, de suerte que su madre, que se llamaba Eutiquia, la exhortó a contraer matrimonio con un joven pagano. Lucía persuadió a su madre de que fuese a Catania a orar ante la tumba de santa Ágata para obtener la curación de unas hemorragias. Ella misma acompañó a su madre, y Dios escuchó sus oraciones. Entonces, la santa dijo a su madre que deseaba consagrarse a Dios y repartir su fortuna entre los pobres. Llena de gratitud por el favor del cielo, Eutiquia le dio permiso de hacer lo que quisiese. El pretendiente de Lucía se indignó profundamente y delató a la joven como cristiana ante el gobernador. La persecución de Diocleciano estaba entonces en todo su furor. Como Lucía no cediese, el gobernador la condenó a perder la virginidad en una casa de prostitución; pero Dios impidió que los guardias pudiesen mover a la joven del sitio en que se hallaba. Entonces los guardias trataron de quemarla en la hoguera, pero también fracasaron. Finalmente, la decapitaron.

Aunque las diversas versiones griegas y latinas de las actas de Santa Lucía carecen de valor histórico, está fuera de duda que, desde antiguo, se tributa culto a la santa de Siracusa. En el siglo IV, se le venera ya también en Roma entre las vírgenes y mártires más ilustres. El nombre de Santa Lucía figura en el canon de las misa romana y en la de Milán. En la Edad Media se invocaba a la santa contra las enfermedades de los ojos, probablemente porque su nombre está relacionado con la luz. Ello dio origen a varias leyendas, como la de que el tirano mando a los guardias  que le sacaran los ojos y la de que ella misma se los arrancó para entregarlos a un pretendiente importuno que estaba prendado de su belleza. En ambos casos, cuenta la leyenda que Lucía recobró la vista y que sus ojos eran más hermosos que antes.

(Cf. A. BUTLER, Vidas de los Santos, Santa Lucía, Tomo IV, pp. 549-550).

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